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Hecha en Venezuela

“La cámara hace a todos un turista en la realidad de otras personas y finalmente en la de uno mismo”.
Susan Sontag

 

Hecha en Venezuela es un proyecto que parte del contexto cultural Latinoamericano, específicamente el venezolano, una idiosincrasia posicionada en el colectivo popular, normalizada y asumida como el deber ser.

Este proyecto parte de la necesidad de cuestionar ciertos modelos impuestos y asumidos por las mujeres en su proceso de inserción social. El contexto del que parto es Caracas, un lugar donde lo natural nunca será asumido con naturalidad.

Para ser físicamente bella en Venezuela, debes obtener a cualquier precio aquello de lo que careces, convertirse en una persona distinta a la que realmente se es, parece ser lo más anhelado.

Este fenómeno cobra peculiar importancia ya que el país se ubica entre los 20 de mayor índice de cirugías estéticas. Lo superan EEUU, Colombia, México y Brasil, pero Venezuela es el de mayor operaciones per cápita.

En los últimos años se han erogado casi unos 200 millones de dólares en cirugías estéticas solicitadas y anualmente, sólo en operaciones de pecho, se realizan más de 84 mil intervenciones.

 

Criticar a alguien por su cuerpo es una práctica absolutamente naturalizada en Venezuela. Independientemente del estrato social al cual se pertenezca, la “buena” apariencia es fundamental: Ser una bomba de sexualidad confeccionada de pura artificialidad parece ser una ley de vida.

 

Este trabajo busca convertirse en una herramienta crítica, en un instrumento para el debate decolonial y para el empoderamiento femenino, una investigación visual sobre el mecanismo de consumo en base a la hipersexualizacion, sustentado a su vez con datos brindados por especialistas en el área.

 Es cierto que respetar, tanto las decisiones de transgredir el cuerpo, como de preservarlo, son cuestiones que no deben ser juzgadas pero tampoco inducidas; sencillamente, aspiro a defender la posibilidad de un lugar donde todas y todos contemos con un espacio sin este tipo de señalamientos.

 

A mi parecer, si no alcanzamos a encontrar belleza en un congénere, salvo a partir de estos ideales, estamos ciegos a su humanidad.

Da miedo el valor que hemos acabado dando a la noción de belleza: el antiguo responsable del Miss Venezuela, el certamen de belleza más importante del país, Osmel Sousa, dijo textualmente en una entrevista que: “La belleza interior de una persona era el pretexto que las feas habían ideado para no operarse”.

No hay terreno neutral: el cuerpo, la cara, el cabello, ocupan territorios políticos. La belleza es una cuestión de respeto y valor: la mujer tiene derecho a existir sin necesidad de alterar obligatoriamente su imagen.

Los cánones de belleza para millones de mujeres a lo largo de la historia han sido una condena, una suerte de meta inalcanzable. Los tiempos cambian, y con ellos, los parámetros, pero siempre pareciera que hay que ajustarse, someterse. Este ideal, variable, no lo es en su imposición, muchas veces racional, otras inconsciente, pero ahí está, marcando alguna falta, algún defecto.

Por lo cual no solo se busca hablar de “cosificación”, de mujeres-objeto, de criticar publicidades, si no de brindar elementos que permitan generar ese despertar de conciencia necesario para aportar un grano más de arena a esa lucha y generar una mirada critica ante la reproduccion de mensajes estereotipados.

Este trabajo es solo una breve versión de lo que muchas mujeres vivimos y sentimos a diario, de lo que casi no se habla y que necesita de nuestra solidaridad y hermandad; porque nos siguen enseñando a competir entre nosotras, en vez de aceptarnos, y aceptar a los demás sencillamente tal y como son.